martes, octubre 17, 2006

Amor putrefacto

Sus manos blancas me invitaban a bailar
sus labios rojos me tentaban tocar
dulce aroma del sexo y de la muerte
olores que me incentivaron a perderme.
Sus favoritos eran los réquiems
las lágrimas y los gestos compungidos
éramos amantes de la muerte
hasta que ella decidió ser centinela del suicidio.
Amé a un cadáver putrefacto e insolente
la amé como se ama a un buen recuerdo
le hice el amor tantas veces en el pensamiento
la golpeé, la humillé, la violé, pero la amé.
Fue una absurda entrega espiritual
fue un absurdo sacrificio animal
fue un promiscuo féretro en la sala de estar
la amé, amé a un cadáver.

1 comentario:

Fausto dijo...

La última frase lo resume todo...